Frío

Con los brazos cruzados, en mangas de camisa, a la orilla de la presa, contemplaba a mis pies los cuerpos inmóviles de mi padre y hermano.  La cortina de la presa se veía distante, la claridad de esa noche de luna llena me revelaba sus rostros demacrados, a lo lejos podía divisar el denso bosque en la otra orilla, tras el negro espejo de agua.

En otras circunstancias aquel paisaje me habría parecido hermoso, ahora era un lugar desolado y triste. A lo lejos se distinguían pequeñas luces de algún poblado lejano, parecían luciérnagas ante la vista de mis ojos nublados,  aparte del murmullo del viento, solo el aullido de los perros rompían el silencio esa noche. Mi cuerpo solitario se estremecía, no sé si por el frío del fin de otoño o por lo que mis ojos por más que veían se negaban a aceptar. No hay una emoción concreta, todo parece tan irreal, solo el frío que me cala hasta los huesos y mis dientes tiritando me recuerdan que esto no es solo un mal sueño.

 Umberto Boccinithose-who-go1

Los miro por largo tiempo, en mi mente la película se repite una y otra vez : esa mañana de domingo muy temprano como tantas otras mi padre salió de cacería después de la misa de seis, la presa en octubre con los patos era el deleite de los cazadores , yo no pude acompañarles, estaba en pleno servicio militar,  irían con mi padre: mi hermano Rafael de catorce años y mi hermano Francisco de doce, nuestro perro hacía varios días había desaparecido, probablemente en una de sus habituales parrandas… Lo último que mi padre me dijo aquella mañana fue: ¡levántate flojo…ya venden caldo en las fondas!  Ese día me envolvía una inquietud inexplicable, mi estado de ánimo estaba exaltado como presintiendo algo, mi mejor amigo Juan me notó nervioso.

  Al regresar a casa  aquella tarde, noté a mi madre también angustiada.  No paso mucho tiempo, cuando la llegada de mi hermano Francisco, nos confirmó nuestros terribles presentimientos, con los zapatos casi destrozados, agotado y a punto de desplomarse, con palabras entrecortadas por la falta de aliento nos relató entre sollozos lo ocurrido: mi padre había tirado a unos patos que cayeron a unos veinte metros de la orilla, se quitó las botas, así como parte de la ropa para entrar a la presa, tras nadar unos metros,  algo pasó, pues empezó a hundirse, a dar manotazos, probablemente un calambre por lo frio del agua; mientras en la orilla, mis dos hermanos veían como mi padre se hundía poco a poco, Rafael sin dudarlo se lanzó al agua,  aunque apenas sabia flotar; después de un breve momento de contienda, el agua resulto victoriosa, engulléndolos a ambos , ante la mirada atónita de Francisco, desaparecieron sin dejar rastro.

Algunos campesinos que encontró a su paso le dijeron que ayudarían en la búsqueda de los cuerpos, mientras el corrió hasta la ciudad para dar la triste noticia.

El frío cada vez era más crudo. El viento golpeaba mi espalda como un látigo causándome un dolor lacerante, mientras mi cabeza era asaltada por mil preguntas, ¿y sí yo los hubiera acompañado esa mañana? ¿Qué habría pasado si el perro en lugar de mi padre hubiera recuperado las presas? Como si de algún modo esas conjeturas pudieran cambiar ese trágico momento.

Mi madre, la bella Beatriz después de recibir los cuerpos de su esposo e hijo, me revelo  sus canas, era como si en una sola noche hubiera envejecido veinte años por el dolor ante la pérdida.

 Tras regresar del panteón  sentimos el inmenso vacío que quedaba tras su ausencia, el cansancio,  lo desbordado de mis emociones encontraron el olvido, al menos por unas horas, las que duró mi sueño, al día siguiente habríamos que enfrentar de nuevo la vida, mi vida…

                                                                                   

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14 comentarios

  1. Enorme tragedia en una sola familia, ése dolor necesitara mucho tiempo para ser digerido y nunca olvidado.
    Un Abrazo Shira 🙂 .

    1. Ocurrió hace sesenta años, Mi Padre, el narrador, el reescribir esa historia es una manera de dar tributo para no olvidar.
      En un comentario en el post de mi estimada Maia de Errante y errata leí el siguiente verso:
      “Los muertos ajenos
      mueren para siempre,
      mientras que los nuestros, los cercanos,
      esos, van creciendo en el tiempo…”

      http://maialoschblank.wordpress.com/2014/01/12/vinculos/#comments

      No tuve oportunidad de conocer a mis abuelos paternos, es a través de su historia por lo que me han platicado mis tíos y padre que continúan vivos.
      Un fuerte abrazo Joaquín.

  2. Un texto estremecedor y triste.
    Me ha impactado.
    Un fuerte abrazo Shira.

    1. Como le he comentado a Joaquín es parte de mi historia familiar, muchas veces he tratado de imaginar lo que experimentó mi abuela ante semejante perdida. Ella murió muchos años antes de que yo naciera pero ese sentimiento de desasosiego me invade desde pequeña, cuando conocí esa historia; la forma en que eso moldeo el carácter de mi padre, al tener que enfrentar la partida de su padre y hermano con solo dieciocho años. La fortaleza que tuvo que desarrollar quedando prácticamente él a cargo de sus hermanos y Madre.
      Como siempre me da mucho gusto tu visita, abrazos

  3. Siento mucho saber que es parte de tu historia familiar.
    Entiendo perfectamente ese sentimiento de desasosiego.
    Me ha pasado algo similar con la muerte de mi padre siendo muy joven.
    Es un dolor que dificilmente se olvida.
    Un fuerte abrazo.

  4. Yeste Lima · · Responder

    A veces, el conocer parte de la vida y sobre todo de la muerte trágica de familiares directos en el pasado, marcan el presente de forma que sin proponérselo, se siente un inusitado interés por escribir sobre ello y de alguna forma tenerles presente.

    Besos apretaos.

    1. Gracias Yeste, pues sí, me ha dado por investigar mi pasado genealógico, me resulta muy interesante conocer la vida de mis antepasados , sobretodo de aquellos que no tuve la fortuna de conocer. Besos de vuelta

  5. Por una de esas casualidades fortuitas, mientras leía el texto, estaba escuchando el Requiem en D menor de Mozart. El coro que sonaba de fondo, sumado a la precisión de la narración me dejó, literalmente, sin aliento. Luego, siguiendo tus respuestas a los comentarios, sólo puedo decir que es imposible pensar en lo que debe haber sentido tu abuela en aquel momento. Esas son sensaciones intransferibles de tan profundas y personales.
    Cariños.

    1. Resulta que me gusta imaginar a mi abuela, por lo que sé de ella, era una mujer extraordinaria, me hubiera gustado mucho conocerla, incluso es sorprendente el parecido físico que tiene conmigo en dos de las fotos que conservo de ella, En breve visitaré a mi tía, la hermana de mi padre que es monja para indagar mas sobre mi abuela, espero luego escribir al respecto. Abrazos.

      1. Estaremos a la espera. Sin duda, ya hay en esas pocas líneas que escribes, material suficiente como para crear mucha curiosidad sobre lo que vas a encontrar.
        Aquí estaremos.
        Cariños.

  6. Shira, me dejas casi sin aliento cuando leo tu historia. Una mujer tiene que ser muy fuerte para afrontar una pérdida de tales dimensiones.
    La historia al escribirla nos trae recuerdos que, aunque van muy atrás en el tiempo, parecen recientes.
    Me gusta esa idea de bucear en el pasado de la familia. Tan sólo con lo que nos has contado, debe ser muy rica de recuerdos.
    Un besazo bien grande…

    1. Gracias María por pasar por aquí, creo que debo aprovechar que mi padre y algunos de mis Tios aún viven y me pueden contar parte de esa historia que desconozco, es muy interesante preguntarles a cada uno por separado, aunque vivieron lo mismo cada quien lo cuenta de modo diferente agregando mas información a los hechos.
      Un Fuerte abrazo.

  7. Leo tu relato estremecedor no escuchando el Requien de Mozar como cuenta Borgeano, sino sonando aún en mis oídos la noticia del fallecimiento repentino de la hija de una amiga… 42 años!

    Siempre me ha parecido -en contra de quienes opinan lo contrario- que para saber de nuestro presente necesitamos conocer nuestro pasado y el de aquéllos que nos dieron la vida.

    Un fuerte abrazo, shira

    1. La muerte es siempre puntual, en ocasiones muy a pesar nuestro; creo que ell conocer ésta historia me ha ayudado a entender mas a mi padre.
      Abrazos y besos de vuelta Isabel.

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